La necesidad de
educar para una ciudadanía democrática e intercultural surge como respuesta a
la constatación de que la escuela debe recuperar su función formadora de
ciudadanas y ciudadanos. Con ese propósito, tiene que transformarse en un
espacio en el que sea posible vivir experiencias reales y significativas para
el ejercicio de derechos, el cumplimiento de responsabilidades y la
construcción de un sentido de pertenencia a una comunidad donde es posible
deliberar con juicio crítico sobre lo público, y donde las relaciones de
convivencia parten del genuino reconocimiento de los otros como legítimos otros
para hacer de la interacción con los demás una oportunidad para el diálogo, la
aceptación de las diferencias, la construcción de consensos y la aceptación de disensos.
Por otro lado,
apostar por el ejercicio de una ciudadanía democrática e intercultural desde la
escuela parte de la convicción de que los niños, niñas, adolescentes y jóvenes,
así como los docentes, son sujetos de derecho, dispuestos a participar
activamente en la renovación de su entorno institucional y social. Y son,
además, capaces de arraigarse en la comunidad que los acoge y representa.
Este
convencimiento del sentido y finalidad de la escuela exige una serie de
aprendizajes básicos que no son propios
ni exclusivos de la educación
ciudadana pero sin los cuales es muy difícil consolidar los aprendizajes propios del
ejercicio de una ciudadanía democrática e intercultural.
·
El desarrollo
del pensamiento crítico
Son
muchas y complejas las capacidades y cualidades personales que forman el
pensamiento crítico, entre las más saltantes tenemos la capacidad de distinguir
entre hecho, opinión y prejuicio; capacidad de inferir, ver semejanzas y
diferencias que no son evidentes; capacidad de argumentar y comprender la
diferencia entre ganar una argumentación
y tener la razón ; capacidad de buscar varias alternativas de solución.
·
Autoconocimiento,
autoconfianza y autoestima
El
ejercicio ciudadano se apoya y se desarrolla desde capacidades vinculadas al
autoconcepto, autoconfianza y autoestima, que permiten conocerse e imaginarse
como uno es y que sientan que son
valiosos y reconocidos por los otros.
·
Autonomía y
desarrollo moral
En
esta línea los estudiantes deben ser capaces de reflexionar y construir de
manera autónoma su propio sistema de valores, deben desarrollar un juicio moral
que les permita analizar, argumentar y dialogar sobre dilemas de la vida
cotidiana.
·
Empatía,
cooperación y solidaridad
Resulta
esencial potenciar la disposición de
ponerse en lugar del otro u otra, la disposición de ayudar a otro ser humano,
mostrando una disposición real hacia el ejercicio y promoción de los derechos humanos.
Lograr
que nuestros estudiantes se conviertan
en ciudadanos activos supone
desarrollar las competencias comunicativas que les permitan actuar y
comunicarse con los demás.
El ejercicio de
una ciudadanía democrática e intercultural trasciende las acciones en el aula y
se convierte en un eje transversal ineludible, pues es una de las finalidades
centrales de la escuela y la educación peruana.
Para mayor informacion visite: http://www.slideshare.net/sisicha3/1-fasciculo-general-ciudadania
o http://servindi.org/pdf/manual2.pdf

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